miércoles, 28 de agosto de 2013

ATENCIÓN TEMPRANA

Atención temprana y programas de intervención específica en el trastorno del espectro autista

02/12/2009
Fuente: 
Revista de Neurología
Cuanto más temprano se empiezan a atender las necesidades específicas del niño autista, más posibilidades tiene éste de desarrollar las funciones que merma el trastorno. Para ello es necesario que padres y madres posean un conocimiento de los comportamientos que, ya durante el primer año de vida, son indicativos del Trastorno del Espectro Autista (TEA). A continuación ofrecemos aquellos aspectos del artículo publicado en la Revista de Neurología que pueden resultar más útiles a las familias; el lector encontrará en este resumen analítico una breve definición del trastorno, un listado de posibles síntomas relativos a la edad que facilitarán la detección del TEA, y una aproximación al tipo de intervención en la familia y el entorno del niño que suele realizarse una vez determinado el diagnóstico. 
El trastorno del espectro autista (TEA) es una alteración del desarrollo complejo que afecta las habilidades y competencias cognitivas, emocionales y sociales, con etiología [1] múltiple y de variada gravedad. El comportamiento del niño con TEA suele presentar deficiencias cualitativas en la interacción social y la comunicación, comportamiento con patrones repetitivos y estereotipados, y un repertorio restrictivo de intereses y actividades.
Se entiende por atención temprana aquella que interviene entre los 0 y los 6 años. La intervención debe provenir de un equipo multidisciplinar de profesionales y orientarse a la globalidad del individuo, es decir, contemplar a niño, familia y entorno; asimismo, es necesario que se coordinen los esfuerzos de todos los agentes implicados —escuela infantil, recursos socio-sanitarios, familia, entorno vital del niño y contexto de intervención terapéutico.
Detección temprana del TEA
El diagnóstico del trastorno puede realizarlo sólo el profesional, sin embargo, padres y madres deben ayudar a detectarlo. En la siguiente tabla ofrecemos algunas de las conductas indicativas del TEA que suelen presentarse durante el segundo semestre de vida del niño y alrededor del año de edad.
Durante el segundo semestre
·         Indiferencia por los padres
·         No participación  en juegos de interacción social
·         No anticipa, ni responde
·         Rudimentos de comunicación oral
·         Ausencia de balbuceos o jerga
·         No imitación de sonidos, gestos o expresiones
·         Desinterés por los juguetes
·         Fascinación por las propias manos y pies
·         Sueño fragmentado
Alrededor del año
·         Escaso o nulo interés por el contacto ocular
·         Ausencia de respuesta de orientación cuando se le nombra
·         Ausencia de la conducta de señalar
·         Ausencia de la conducta de mostrar objetos
A menudo, a estas conductas hay que añadir una serie de dificultades asociadas, como alteraciones del sueño, problemas con la alimentación, limitaciones para la autonomía personal o el escaso interés por el juego. De todos modos, la presencia de estos signos no es suficiente y recordamos al lector que debe ser el profesional quien establezca un diagnóstico.
Intervención en la familia y en el entorno
La intervención afectará a todos los agentes implicados en la vida del niño. Así, tras una evaluación diagnóstica que determine las exigencias específicas del paciente, se establecerá un plan cuya zona de influencia alcanzará a la familia, pero también al centro escolar y a los profesionales sociosanitarios que intervengan en la terapia.
Por supuesto, la intervención se centrará en mejorar la comunicación y el lenguaje, y las habilidades sociales, de juego, de adaptación y de comportamiento. Se procurará siempre un entorno de trabajo agradable al niño; para ello, resulta necesario estructurar las interacciones para que sean recíprocas y sociales, en vez de aisladas y solitarias.
Aunque la noticia del diagnóstico genere cierta confusión en la famila, la detección temprana será crucial para facilitar la mejor convivencia de todos sus miembros. Los profesionales suministrarán de forma gradual una información pormenorizada sobre la patología, sobre el caso particular y sobre como estructurar las actividades en el entorno familiar; se recomienda:
·         La utilización de gestos evidentes y el empleo de un lenguaje sencillo que facilite la comprensión
·         Generar un ambiente lúdico y de seguridad que favorezca el desarrollo emocional
·         Evitar los ambientes complejos, bulliciosos, muy estimulantes o desestructurados
·         Paciencia y elaborar estrategias para establecer límites a las alteraciones conductuales y los comportamientos estereotipados o rituales
Es importante que la intervención implique a todos los miembros de la familia; el apoyo que puedan ofrecer los centros de desarrollo infantil y atención temprana (CDIAT) será de gran ayuda también para los hermanos, que probablemente sientan cierta frustración al no ver cumplidas las expectativas de figura fraterna depositadas en el niño con TEA.
Conviene involucrar al niño desde edad temprana en su entorno físico y social (hogar, vecindad, parque, etc.) puesto que será el medio a través del cual se incorporará a la vida social infantil que le corresponde. Asimismo, es imprescindible que se coordine la intervención programada desde el CDIAT con el centro escolar, los servicios sociosanitarios (neuropediatría) y, en caso de ser necesarios, también con los servicios sociales.





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